viernes, 27 de marzo de 2015

Asuracenturix

A veces habla el poeta y no calla,
lanza consejos, arroja metáforas,
desaforado arranca discursos,
                    implementa sentencias.

Se sube al atril, cierra los ojos,
pliega sus oídos y abre la boca,
de par en par, brama, escribe, se explaya.
Nadie lo escucha,
los lectores de poesía,
no leemos ensayos, ni sesudos análisis,
huimos como de la peste de la razón irracional,
para refugiarnos en la espesura
de un bosque cultivado por el tiempo.

Cuando vuelve a la piel, a la humana piel,
se siente estúpido, desnudo, mareado,
aun borracho por la soporífera condición,
trata de olvidar sus aburridas diatribas,
y habla de miradas, de manos, de la piel.

" Nos cogerá el alba, tocándonos,
abrazados y tocándonos, yo tus pechos
como queriendo medir la aurora,
y tu...la vida que crece ante tus manos"

Como pidiendo perdón, como bajando
el cuello de un poeta demasiado poco
                           recitador de almas,
demasiada sangre, olor y sal a las espaldas.

Adolfo Lisabesky


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