miércoles, 27 de febrero de 2013

Dioses , hombres y mentiras

Cuando los humildes hombres, cansados,
se hacen Dioses, abandonan sus cuerpos,
desprecian su sangre y olvidan sus órganos.
Convertidos en fantasmas sin reparos,
deambulan escupiéndonos sus deseos.

Y ya no son hombres ni mujeres
sino fábricas de desamparo
aludes de nieve fría e inerte,
que ruedan muertas ladera abajo.

En un ataque de estúpida cordura
nos advierten de los mamíferos esqueletos
nos previenen de la humana locura
y hacen de sus miedos los nuestros.

Los oigo prevenirnos de nuestros besos
maldecir los humanos abrazos
el roce cálido y fructífero de los cuerpos
y el olor de la vida en nuestras manos.

A costa de su inmortalidad
perdieron la humana cordialidad
la mirada llorosa del hermano
a cambio la risa del tirano

Cuando los humildes hombres, cansados,
se hacen Dioses, abandonan sus cuerpos,
desprecian su sangre y olvidan sus órganos.
Convertidos en fantasmas sin reparos,
deambulan escupiéndonos sus deseos.

Adolfo Lisabesky





domingo, 24 de febrero de 2013

Pasados los cuarenta

Como no se si llegaré a los ochenta
ayer fui a revisar todos mis sueños.
A duras penas reconocí a su dueño,
a no ser por una factura entre sus manos
del día en que los puse en venta.

Vendí las utopías
por las migajas
del día a día.

Vendí mi independencia
por la sonrisa de un niño 
a veces dulce y otras frenética.

Vendí mis ansias revolucionarias
por mi tozudez, siempre injusta,
en las batallas prosaicas,  diarias.

Vendí mis puentes hacia la multitud
por una mesa camilla, sencilla,
donde habitamos amigos y amigas.

Vendí mis deseos de ser querido
por los amargos gritos
de un grillo ridículo y herido.

Vendí al adolescente 
al soñador y al poeta
por "el hombre decente"

Y ahora que no tengo utopías,
que perdí mi independencia
que mis actos no son revolucionarios
que mis amigos no son multitudinarios
que me siento desnudo de abrazos
y que mi poesía es poesía a retazos.
Pienso en otro hombre
en aquel que pudo ser
y que ya solo es un sueño.


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Adolfo Lisabesky




miércoles, 20 de febrero de 2013

Soneto para una Fuente Nueva

Es esta botella Sangre
derramada de la uva buena,
son nuestros niños sangre
en las venas del Fuente Nueva.

Dan nuestras aulas al sol de El Ejido
no son bodegas húmedas y sombrías
ni queremos corazones encogidos.
Tiraremos de sus almas todos los días.

Son nuestros niños aguas bravas
no mansos estanques
de aguas sucias y podridas.

Es nuestra casa no una bodega
sino el lugar donde habitan
sueños, mares y estrellas.

Adolfo Lisabesky

viernes, 1 de febrero de 2013

¿De quien es este muro? (que lo quite, por favor)

¿Quien puso el primer ladrillo del muro?
El muro lo vemos todos, está ahí
impidiendo el paso ¿Quien lo puso?
Tan alto, tan largo, tan grueso
Los hay quien se sientan allí
a los pies del muro creyendo que su sombra
lo hará caer, pero cansados o golpeados
terminan por rodar y entrar al redil.

Pero hubo un tiempo que vivíamos
sin muro, aun recuerdo, aquellos días
días que ingenuos , dueños e inocentes
hicimos a nuestros gobernantes
arquitectos de muros y arbotantes.
La paleta en una mano y el ladrillo en la otra
construyeron en la noche infinita,
el muro, ladrillo a ladrillo creció
Ahora ellos están a un lado
y nosotros amontonados al otro.

Por la estrecha rendija de donde nos caen
sus leyes no son capaces de escuchar
nuestros gritos de esperanza y humanidad.
Solo les llega un murmullo que añaden
a sus normativas para reglamentar
los decibelios de nuestros murmullos.
Ya que impiden sus dulces sueños,
dulces sueños de gobernantes
al otro lado del muro, shh...duermen

Adolfo Lizabesky


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