domingo, 2 de julio de 2017

Recolectando peras de un olmo

 La Luna, tan lejos, tan cerca.

Para viajar a la Luna
nuestros preparativos
tienen que ser lunáticos
distraer a la cordura,
y hacer el vacío
a los cálculos matemáticos.


Para viajar a la Luna,
hay que tener el alma
predispuesta,
el estómago indispuesto
y en nuestras venas,
sangre marinera.

Para viajar a la Luna
he de fabricarme un cañón
grande y potente
para que de un fogonazo
encuentre mi destino.

Tu voz

Cuando tiemblo oigo tu voz,
temblorosa, sutil, casi viva.
Y me acurruco en nuestros recuerdos,
desde donde veo la luces del faro,
el amanecer, los puentes dorados.

Me despierta la desintonía de la radio,
¿Sabes? aun hablan del difunto tío Gil,
pero él no lo sabe.


Salto de mis recuerdos,
como un gato asustado,
y no encuentro piel ajena
donde aliviar mis uñas.

 ¿Quién soy?

¿Dónde está mayo?
me cansé de buscarlo
y me alié con octubre.

Mis gélidas manos
presagian el invierno,
mientras que tú deshojas
las flores sin miedo a las espinas.


¿Qué colores visten la mañana?

Tengo la paleta aburrida
pero no me decido
por ninguno de sus colores.

Es tan importante,
no tengo mas lienzo
que este.
Lo tengo que cubrir
de un manto de sensibilidades,
quizás para eso sería necesario
que fuera sensible,
al menos lo que dura
el tránsito del mar a la luna.

 Descansar

Están las esquinas inquietas,
saturadas de aire enrarecido.
Es por eso que mi escoba,
tiene los pelos recién partidos.

Pies que pisáis las aceras,
calzados en la pugna de un zapato negro
y unas medias negras.
Escuchad el runrun de las esquinas.

Ahora podré volver a dormir,
mientras tres ángeles negros,
cantan un bolero blanco,
a los pies de tu cama.

Yo te quiero verde, sí sí.

De como recogí peras de un olmo


¿Qué podéis esperar del olmo?
¿Acaso prometió ser como la dalia,
bella en primavera y mustia en el otoño?
Nada dijo entonces,
cuando los tres éramos alguien.
Y nada dice ahora,
que es olmo seco.


Durante la tempestad,
rindió las velas,
fue mástil y popa,
cuando todos escondían
su alma, en la oscura proa.

Y ahora que la luz,
santifica las cerezas extremeñas,
ahora que es fácil la risa,
que el desengaño pasó de moda,
que la melancolía es la canción
de nuestros padres.
Ahora lo podéis ver,
cantando las cuarenta a su sombra.


 Nosotros los de entonces, no somos los mismos

Y al final del camino, el mar,
prolongación estética de una estela.
Cuerpo y alma ajenos a la sal,
desierto, monte y ahora la estela,
recuerdo inerte de las angustias,
los besos, las miradas, el pan de cada día.


Pero dice Neruda, que no somos los mismos,
ni es la misma sal,
la que untaba en mis labios,
para saber de ti.

Ahora un simpático doctor,
me recetó enanas pastillas,
para atar mi tensión al suelo.


 Intuiciones

Si las palabras con un silbido,
se posaran en mis manos,
no sería este esperpento
con quien convivo.

Si las estrellas supieran
que brillan en su ausencia,
al caer sobre la luna, no llorarían.

Si el mar en su terca obsesión
de pasar por agua mis sueños,
dejara para mañana su caudal,
mis besos saldrían de mi boca a la suya.

Gracias Anina


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