martes, 29 de septiembre de 2026

Diez aforismos desaforados sin foro y una súplica

I


 Buscarse problemas o incomodidades por discrepar, por no repetir mensajes políticos sin antes digerirlos, por abandonar el pensamiento gremial, es inherente al que aspira a llamarse poeta sin que crujan todos los espejos del alma.


II



Si digo adiós, todos dicen hola.
Si llego con un hola, me reciben con un adiós.
Cuando al fin lo veo claro y los saludo con un genérico «buenos días», ellos me responden: «malas noches».
El destino fatal de las malditas moscas cojoneras que ellas mismas se han labrado.


III


Desde el bunker las mesas camillas preciosamente bordadas ofrecen a los disciplinados artistas el calor del hogar.

IV

Censura todo lo que puedas, amordaza como si no hubiera un mañana, y solo así serás bienvenido

V

Todo es tan sencillo que al complicarlo pienso que nos quieren enredar a sus tobillos, maniatados y serviles.

VI

Las reivindicaciones futuras se están perdiendo en el sectarismo casi mafioso del presente.

VII

Subir o bajar el listón ético debe valorarse únicamente como un ejercicio gimnástico o aeróbico.

VIII

A mis padres, y solo a ellos,
y a su determinación de hacer de mí
un ser independiente,
les debo la libertad de poder expresarme
sin ataduras, sin ser esclavo
de patrón, o secta, o negocio colectivo,
que harían de mí un loro
al servicio de sus intereses.

IX

Daba tantos abrazos
para que los no dados,
estuvieran bien afilados.

X

Asumo poder equivocarme como se equivoca un lince o un águila al perder una presa. O un conejo o una liebre al caer en manos de un depredador, pero nunca como un borrego, sometiendo su destino al rebaño.


La súplica

No me tengáis muy en cuenta, solo soy un bufón mediocre.

 

Tua (Portugal)

 

Adolfo Lissabesky

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