lunes, 2 de noviembre de 2026

El Bunker

Solo oigo ese eco eléctrico abovedado

que se percibe en aljibes, pozos e iglesias,

pero no siento el rumor del agua

     ni el sonsonete del ruido eclesiástico.


Recuerdo buscar ladrillos

para levantar un muro.

                Un muro alto que no escalasen

los otros, los taimados ladrones de nuestros sueños.


Pero el muro no fue suficiente.

Las voces disidentes se colaban

como aves carroñeras sobre nuestras cabezas.


Tapiamos todas las puertas,

un pequeño ventanuco

para arrojar por él la carne putrefacta.

Disidentes, descreídos, gentes de poca importancia,

fueron expulsados por ese ínfimo tragaluz.


Juzgados y condenados, no nos dejaban escuchar

el eco de nuestros balidos,

las argucias pergeñadas por unos camaradas

que redactan mandamientos con la rapidez del viento.


Ahora nuestra estancia es un búnker, con un único ventanuco.

Las diatribas del líder suenan como un disco rayado,

o eso dicen los viejos y analógicos camaradas.


Un centinela cerca del ventanuco filtra la realidad

desde la creatividad de los cien mil hijos de la verdad.




                                                    Video poema

 

Me gusta