lunes, 12 de octubre de 2026

Lagos, pozos, hormigas y cabras.

Imagino que ya no estaré 

con mi envidia malsana. 

Cruzaré el lago siniestro. 

Me lanzaré en un pozo sin retorno.

 

Todo me dará igual, 

como le son indiferentes,

a las nerviosas hormigas 

 que aun vi pulular 

      por las calles de un pueblo abandonado 

salvo la que pisé impunemente 

mientras recogía el grano 

para salvar el crudo invierno.

 

Son tantos veranos 

sin acordarme del crudo invierno. 

Será que los inviernos dejaron de ser crudos 

para convertirse en tiernas rodajas 

de carne de membrillo.

 

Pero el invierno llega ajeno a mí, 

y yo, ajeno a él, 

me disputo la frontera inmisericorde 

del tiempo. 

Las pisadas del invierno buscan un descuido 

para alojar sus pies sobre mi espalda.

 

Dejé de correr los días de lluvia. 

Olvidé que era una costumbre, casi una obligación. 

Ahora me paro, alzo la palma de la mano. 

Triste recuerdo los días en los que la vida 

te hacía olvidar las estaciones.

 

Cuando no estemos ni yo, ni mis recuerdos, 

ni la gente, ni los recuerdos de la gente 

que conocí, 

cuando aún corríamos los días de lluvia, 

saltaré al pozo ciego donde de niño 

oí balar a una cabra perdida 

                                          hasta enmudecer.


Adolfo Lissabesky

 

Marchalico Viñicas (Bedar)

 


 



 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Me gusta