Con este cortometraje quise saldar deudas presentes y futuras con la inteligencia artificial, a modo de ese trasatlántico interestelar del film WALL·E, donde sus capitanes progresivamente iban degenerando físicamente por el uso desmedido de los robots. Aquí proponía un futuro distópico en el que cualquier acción cotidiana tenía que ser supervisada por la IA: hasta las más mínimas acciones necesitaban de ella —respirar, comer e incluso giñar—.
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| Cartel del cortometraje |
No tuvo mucho éxito. Hice dos versiones: una con una canción en la que yo propuse la letra y la IA, a través de SUNO, la música; y otra sin nada de IA. Ninguna de las dos encontró su lugar en los festivales. De vez en cuando, este tipo de fracasos viene bien para poner en valor las selecciones y premios de otros cortometrajes.
En esta versión la banda sonora formada por Música de SUNO y letra Ángel Rodríguez
y en esta segunda versión sin IA, con música de audionautix.com (Música de autor, que he utilizado en muchos de los cortometrajes)

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