miércoles, 31 de diciembre de 2025

Marcus y Leonard

Por primera vez retomé uno de mis cortometrajes dibujado en mi antigua tablet y lo realicé con ayuda de una tablet nueva, en la que me resultó más fácil dibujar. Si antes lo llamé “Leonard y Marcus”, ahora lo titulé “Marcus y Leonard”, pero la historia era la misma: dos amantes judíos que, al salir de su escondite durante la barbarie nazi, observaban una ciudad destrozada y cómo sus perseguidores eran ahora los perseguidos. Una historia de amor y compasión.

 

El Cartel del cortometraje

Amor y compasión que tanta falta nos hace, sobre todo cuando nos encontramos al borde del drama. Actualmente, uno de esos dramas se está viviendo en Palestina, y lo que debiera ser una denuncia a la barbarie —la realice quien la realice—, en demasiadas ocasiones se ha digerido en antisemitismo.

Este cortometraje se pudo ver en el Film Festival Jewish de Punta del Este (Uruguay), un festival Uruguayo monotemático sobre el pueblo judío, y en el Near Nazareth Festival (Israel)

En estos tiempos en los que un líder judío, Netanyahu, es señalado como genocida, este corto, que vuelve a incidir en el Holocausto del pueblo judío (solo en los campos de exterminio murieron 2.700.000 personas), solo ha podido verse en festivales judíos. Una pena. También RTVE lo proyectó en su página web. Espero que transmita compasión y amor; si no es así, lo siento: uno no da para más.

 

Ficha técnica:

Actor / actriz principal Juan Francisco A. Torres    

Actor / actriz principal José  Plaza    

Actor / actriz secundaria Antonio D. Sánchez    

Actor / actriz secundaria Mariangeles  M. Gallegos    

Actor / actriz principal Anina Argüeles    

Voz en Off Concha Fernández    

Musica y Letra de 
"Leonard y Marcus",
"Auschwitz Birkenau"

 

SUNO y Letra: Ángel Rodríguez

 

Reseñas en Internet

Ficha en el Jewish Film Festival 

El cortometraje en la página de RTVE 

 


martes, 30 de diciembre de 2025

Nos viene la I.A ¡Ay!

Con este cortometraje quise saldar deudas presentes y futuras con la inteligencia artificial, a modo de ese trasatlántico interestelar del film WALL·E, donde sus capitanes progresivamente iban degenerando físicamente por el uso desmedido de los robots. Aquí proponía un futuro distópico en el que cualquier acción cotidiana tenía que ser supervisada por la IA: hasta las más mínimas acciones necesitaban de ella —respirar, comer e incluso giñar—.

 

 

Cartel del cortometraje

No tuvo mucho éxito. Hice dos versiones: una con una canción en la que yo propuse la letra y la IA, a través de SUNO, la música; y otra sin nada de IA. Ninguna de las dos encontró su lugar en los festivales. De vez en cuando, este tipo de fracasos viene bien para poner en valor las selecciones y premios de otros cortometrajes.

 En esta versión la banda sonora formada por Música de SUNO y letra Ángel Rodríguez

 y en esta segunda versión sin IA, con música de audionautix.com (Música de autor, que he utilizado en muchos de los cortometrajes)

 

jueves, 11 de diciembre de 2025

Una lista más, nada más

 Con los años se pierde la vista,
pero se recuperan los olores de la niñez.
Se pierde el sentido de lo que uno es,
pero se aprenden las cosas que uno no es.

Ahora que lo tengo medio claro,
que tengo tiempo, que no me asaltan
las inseguridades, que duermen los terrores,
ahora —digo— aprovecho y escribo mi lista,
una lista tan válida como otra cualquiera,
una lista algo tonta, una tonta muy lista.

Espero conseguir, si no claridad,
sí luz a mi alrededor;
si no salir de las tinieblas,
sí distinguir las luces de las sombras.
Ahí va una aventura más
sobre la introspección humana,
si eso que soy yo puede llamarse humanidad.

No soy un loro ni un magnetófono,
ni un escribano. No soy un militar
ni un militante; no en vano fui objetor de conciencia.

Tampoco soy un experto, simplemente un osado aficionado,
un barbado especulador, un atrevido y desvergonzado
opinador.

No tengo ancla ni remo; no soy, por lo tanto,
ni barco ni barca. No dejaré ni huellas ni estelas,
solo una leve sintonía que se apagará
con el estruendo de mi ataúd sobre el foso.

Y no es que haya dejado de creer en nada;
pienso que el niño que habita en
se ha apoderado de mi alma,
y sus creencias son ingenuas,
dulce y amargamente ingenuas.

A mis dedos les cuesta moverse,
por tanto no moveré un dedo por la ruindad,
por la mentira, por el dulce pan social,
por el aplauso del tribunal inquisitorial
de los catedráticos en la tiranía, la contradicción permanente.
Hace lustros que perdí toda esperanza.

Es tan leve el equipaje y tan frágil mi viaje
que ni un humilde trapo por bandera cubrirá
el rostro de mi despedida.

¡Qué más quisiera yo!

Adolfo Lisabesky

 


 

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