Un poquito de vida,
un comic de tres páginas,
un soneto, un verso libre.
un poquito de vida
La hora en vuelo de un globo,
gotas sindicales,
el pavimento, la rosa y el mastín
de mi jardín.
Un poquito de vida.
La sonrisa, la espuma de la cerveza,
el guiño de la tarde,
la brisa del penúltimo segundo del día.
A morfeo engañé,
y durante unos instantes viví.
Adolfo lisabesky
Dicen los expertos que es conveniente escribir para conocerse. Las fotos nos revelan cicatrices con las que no contamos. Un megáfono nos ayuda a mejorar nuestra dicción. Escribir y releerse nos ayuda a alejar determinados fantasmas.
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jueves, 19 de abril de 2018
sábado, 3 de febrero de 2018
Canciones de piratas
Uno, dos, tres, cuatro,
dejadme que sueñe un rato.
Cinco, seis, siete,
entre la nieve y el mar,
un periquete.
¿Sueñan las gaviotas
sin plumas, con globos aerostáticos?
Sube, sube, y un marinero,
retira el ancla,
Navega,
deja la maroma hundirse en el mar,
y bebe las aguas del horizonte.
El coro de pescadores,
silenciado por el estruendoso ruido
del fuego.
Y un manto blanco, ribeteado,
por chopos y almendros.
Canta el mar con el cielo,
canciones de marineros.
En el bote no hay grumetes,
un solo timonel, el viento,
no, no hay grumetes,
locos, soñadores, sedientos.
Nace el verso en una explanada
robada a los feriantes,
y se rubrica en la leve caida
de un cesto de mimbre.
Adolfo Lisabesky
dejadme que sueñe un rato.
Cinco, seis, siete,
entre la nieve y el mar,
un periquete.
¿Sueñan las gaviotas
sin plumas, con globos aerostáticos?
Sube, sube, y un marinero,
retira el ancla,
Navega,
deja la maroma hundirse en el mar,
y bebe las aguas del horizonte.
El coro de pescadores,
silenciado por el estruendoso ruido
del fuego.
Y un manto blanco, ribeteado,
por chopos y almendros.
Canta el mar con el cielo,
canciones de marineros.
En el bote no hay grumetes,
un solo timonel, el viento,
no, no hay grumetes,
locos, soñadores, sedientos.
Nace el verso en una explanada
robada a los feriantes,
y se rubrica en la leve caida
de un cesto de mimbre.
Adolfo Lisabesky
sábado, 30 de diciembre de 2017
Ensayo poético número 1
De redactar tantas notas de prensa,
olvidé la tenue voz de la mañana,
ahora quiero volver...tartamudeo
rimo a destiempo y el color de mi poema
tiene tan pocos matices
que se romperá sobre mi cuartilla digital.
Antes escribía sin pensar,
ahora que pienso lo que escribo,
lo hago de tan tarde en tarde,
que no recuerdo mi último pensamiento.
Creo recordar el humo de mis versos,
charcos, abortados discursos
que no llevan a ninguna parte.
En mi último poema olvidé
....pedir disculpas,
pero ¿Para qué? sabría
que volvería a reincidir.
Y esta vez cometí la felonía
de escribir y no decir nada.
´Adolfo Lisabesky
olvidé la tenue voz de la mañana,
ahora quiero volver...tartamudeo
rimo a destiempo y el color de mi poema
tiene tan pocos matices
que se romperá sobre mi cuartilla digital.
Antes escribía sin pensar,
ahora que pienso lo que escribo,
lo hago de tan tarde en tarde,
que no recuerdo mi último pensamiento.
Creo recordar el humo de mis versos,
charcos, abortados discursos
que no llevan a ninguna parte.
En mi último poema olvidé
....pedir disculpas,
pero ¿Para qué? sabría
que volvería a reincidir.
Y esta vez cometí la felonía
de escribir y no decir nada.
´Adolfo Lisabesky
domingo, 26 de noviembre de 2017
sábado, 18 de noviembre de 2017
Gulliver, no era ni tan alto ni tan bajo
Cae en mi herida la sal derramada
de nuestra comida,
y tu dedo es mi llaga,
pero tus hombros no son mi cama.
Y aunque creas que soy fuerte, casi piedra,
no soy mas que hojarasca seca,
que intenta defenderse del aire a dentelladas.
¿O es que piensas que el mar no llora?
ni rio, ni lago ni humilde charca,
mar que desemboca en mi alma.
Salen de mi garganta los gritos
de los cien mil hijos de lilipud.
Adolfo Lisabesky
de nuestra comida,
y tu dedo es mi llaga,
pero tus hombros no son mi cama.
Y aunque creas que soy fuerte, casi piedra,
no soy mas que hojarasca seca,
que intenta defenderse del aire a dentelladas.
¿O es que piensas que el mar no llora?
ni rio, ni lago ni humilde charca,
mar que desemboca en mi alma.
Salen de mi garganta los gritos
de los cien mil hijos de lilipud.
Adolfo Lisabesky
domingo, 15 de octubre de 2017
Pócimas y remedios
Agotada la marea,
descansa en tu falda,
la sal perdida
de sus lágrimas.
Si el recuerdo me mira a los ojos
agacho la mirada
para perderme en tu calzado.
Las noches de los inviernos,
los amaneceres del verano
la taciturna mirada del otoño,
la primavera encerrada
en el último manicomio.
Si escribiera en la gota de rocío
que temblaba en tu mejilla,
dejaría de ser poeta
para volver a ser jardinero.
Las piedras en mi bolsillo
castañean tu nombre,
pero mis pasos hacia el horizonte
desconocen el lenguaje
de la granítica poesía.
A tientas recojo las lentes
para leer poesía,
gateo con paso firme,
y empiezo escuchar
los susurros que nacieron gritos.
Adolfo Lisabesky
descansa en tu falda,
la sal perdida
de sus lágrimas.
Si el recuerdo me mira a los ojos
agacho la mirada
para perderme en tu calzado.
Las noches de los inviernos,
los amaneceres del verano
la taciturna mirada del otoño,
la primavera encerrada
en el último manicomio.
Si escribiera en la gota de rocío
que temblaba en tu mejilla,
dejaría de ser poeta
para volver a ser jardinero.
Las piedras en mi bolsillo
castañean tu nombre,
pero mis pasos hacia el horizonte
desconocen el lenguaje
de la granítica poesía.
A tientas recojo las lentes
para leer poesía,
gateo con paso firme,
y empiezo escuchar
los susurros que nacieron gritos.
Adolfo Lisabesky
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